• Mónica Del Valle

Cinco formas de amar tu cuerpo


Cinco maneras de amar tu cuerpo

De verdad amarlo y amarte exactamente así, como eres, como estás.

Compartido en inglés por Marc David del IPE, traducido y adaptado por Mónica del Valle.

Tal vez conozcas a alguien que no puede pasar por un espejo o ventana sin dar una mirada, furtiva o no, a su propio reflejo. Tal vez te has sorprendido haciéndolo. Siempre estamos esperando ver algo que nos agrade ¿no? Queremos que la imagen que vemos satisfaga nuestras expectativas y nos resulte atractiva. Cruzamos los dedos para que así sea.

Pero la cosa está así: por más que los espejos estén supuestos a “decirnos la verdad”, cuando se trata de cómo procesamos esa imagen de nosotros mismos, en realidad estamos viendo el reflejo de nuestra relación con nosotros mismos. Hay una verdad secreta sobre qué son esos reflejos y lo que nos pueden decir… Este es el secreto: un espejo sólo puede mostrar cómo te sientes acerca de tu ser. Nunca puede decir cómo te ves.

Me explico.

Todo el mundo quiere tener ese cuerpo ideal —el que nos han enseñado a reconocer como perfecto y hermoso a través de cuerpos de modelos y celebridades, a través del cine y revistas. Pero si el cuerpo ideal fuera todo lo que necesitáramos para tener una imagen corporal positiva, entonces ¿por qué muchos de aquellos que han hecho tanto esfuerzo y han gastado tanto dinero para conseguir ese atractivo físico perfecto todavía sufren porque hay veces en que ven su reflejo y se encuentran con algo con lo que no están satisfechos y lo quieren cambiar o al menos ocultar? ¿Qué está pasando realmente?

Intentar tener una imagen corporal ideal es muy similar a intentar tener una relación ideal. Y como todas las relaciones (sean con nuestro cuerpo o con otra persona) son subjetivas. Más bien lo que entra en juego es la calidad de nuestra perspectiva.

¿Has notado que cuando tú y tu pareja se están llevando muy bien se ven mucho más hermosos? De repente te acuerdas por qué te enamoraste y confirmas tu buena decisión, y hay armonía entre ustedes. Hay algo en lo que sentimos por esa persona que la hace completamente irresistible. Ahora, ¿significa esto que te sacaste la lotería y tienes una relación perfecta o ideal? ¡Por supuesto que no! Es simplemente una conexión que nos coloca en ese estado maravilloso que compartimos con nuestra pareja, y este mismo sentimiento es lo que nos permite tener una perspectiva compasiva y amorosa hacia sus comportamientos y acciones (igual de esa persona hacia los nuestros).

¿Realmente nos sorprende que estos mismos principios entren en juego cuando se trata de la relación con nuestros cuerpos? Cuando estamos en una relación armoniosa con nuestro cuerpo, cuando lo vemos como un regalo de vida, como una bendición y no una maldición, un aliado para crecer y cambiar, en lugar de al “enemigo”, entonces miramos nuestro cuerpo y nos sentimos mucho mejor con nosotros mismos. Tenemos una gran sensación de vitalidad y propósito en nuestra vida porque nos sentimos conectados. ¡Recordamos que tenemos un regalo que compartir en esta vida!

Tal vez no tengamos el "cuerpo ideal" como nos quiere imponer nuestra cultura colectiva –una imagen corporal dictada por los medios de comunicación-, pero podemos tener una imagen corporal amorosa, una imagen corporal que es realista, sustentada por una mirada compasiva y de aceptación. Al mirar nuestro reflejo en el espejo cuando experimentamos una buena relación con nuestro cuerpo, nos vemos como un todo coherente, en lugar de una serie de piezas que parecieran ser decepcionantes. Esto nos da la oportunidad de empezar a reflexionar sobre nuestro cuerpo y nuestra vida teniendo un propósito mayor en mente.

La manera en que se ve tu cuerpo, no tiene nada que ver con la construcción de una imagen corporal saludable.

Con la cultura popular difundida por los medios diciéndonos constantemente cómo debemos vernos, tenemos que tomar una postura activa en la creación de una relación amorosa con nuestro cuerpo y validar lo que significa para cada uno de nosotros tener un cuerpo ideal. Sé que algunas personas dirán que esto es al revés. Algunos dicen que si aceptamos sin dudar lo que somos y cómo nos vemos, entonces estamos destinados a quedar atrapados por siempre, que nunca vamos a cambiar o que jamás llegaremos a "donde queremos" o a donde “deberíamos desear ir”.

Esto ocurre porque la gente ve las palabras “aceptación” y “rendirse” como sinónimos de debilidad. Como signo de que estamos "tirando la toalla". Pero al poder ver el asunto en términos de relación, de una relación con nuestro cuerpo, lo que estamos haciendo es decir sí a lo que es cierto para cada uno de nosotros y soltando lo que ya no nos funciona.

Si de verdad quieres experimentar felicidad y un crecimiento verdadero, muchas veces hay que terminar con una relación tóxica o dañina. Y es lo mismo cuando se trata de tu cuerpo. Especialmente si esa relación tóxica la estamos teniendo con nuestros propios pensamientos. Nuestro cuerpo no es el enemigo. Y, afortunadamente, podemos mejorar nuestra conexión con nuestro cuerpo si aprendemos a desarrollar habilidades de relación. Porque una buena relación en verdad nos transforma.

Aquí están cinco maneras de amar tu cuerpo que desarrollarán tus habilidades de relación.

Hablémosle bien a nuestro cuerpo

Un elemento básico en cualquier relación es la comunicación. El diálogo abierto y amoroso prepara el escenario para una relación sana. Muchos de nosotros nos la pasamos o bien juzgando o bien ignorando a nuestro cuerpo. Pero no lo escuchamos, no lo atendemos, no somos gentiles con él.

Los comentarios sarcásticos que lanzamos a nuestro cuerpo cuando pasamos frente al espejo: "Mira de qué tamaño tienes los muslos" o "sume la panza, te ves fatal" – erosionan nuestra imagen corporal. Y es dañino para nuestra relación con nosotros mismos. Nos mantienen enrollados en un interminable diálogo antagónico con nuestro cuerpo, lo cual desencadena una respuesta crónica de estrés.

Es casi imposible permitirnos sentir amor y aceptación hacia nosotros o hacia los demás cuando estamos encerrados en el estrés. Por el contrario, si con toda intención le hablamos bien y con cariño a nuestro cuerpo generamos la posibilidad de sacarnos de una relación negativa y descalificadora con nuestro cuerpo que se basa en una imagen externa del cuerpo, y se cambia a una relación positiva y amorosa, relajada y saludable, que en última instancia apoya nuestro bienestar total. Todos respondemos bien a una voz que nos anima y a una actitud amorosa.

Hablarle con cariño a nuestro cuerpo significa reemplazando los comentarios negativos por comentarios positivos o en última instancia neutros y buscando decirnos sólo cosas amables, compasivas y de apoyo a nosotros mismos.

Movamos nuestro cuerpo de formas que nos resulten placenteras

Nuestros cuerpos están diseñados para moverse, y nos sentimos mejor cuando nos activamos. Muchos de nosotros forzamos a nuestros cuerpos para segur rutinas de ejercicio que no son divertidas o placenteras; rutinas que se basan en la idea de obligar a nuestro cuerpo a estar en forma. Nuestro cuerpo se merece un enfoque con más sensibilidad. En verdad no nos hacemos ningún bien al forzarnos a hacer algo que en el fondo no nos genera placer. Hacer ejercicio de manera forzada o hacer demasiado ejercicio nos pone en respuesta de estrés fisiológico, que debilita nuestro sistema.

Cuando nuestro cuerpo está en un estado de relajación –incluso mientras estamos en movimiento– nuestro cuerpo está en su respuesta inmune óptima y en su mejor estado metabólico. Esencialmente somos más saludables cuando no estamos forzando, obligando ni obligando a nuestro cuerpo; cuando no lo estamos haciendo sufrir.

Así como hablarle bien es una manera de crear una relación amable y alegre con nuestro cuerpo, queremos que nuestra elección de movimiento nos ayude a sentir que estamos teniendo una experiencia divertida, relajada y libre en nuestro cuerpo.

Moviéndonos de forma que nuestro cuerpo ame y disfrute, significa experimentar con estilos de movimiento que nos hagan sonreír y sentirnos auténticamente alegres. El tipo de movimiento que elijamos es único para cada uno de nosotros, pero puede incluir danza, caminata, yoga suave, natación, así como carrera, pilates, zumba o esgrima.

Comamos alimentos que disfrutemos y nos hagan sentir mejor

Hay dos partes de esta estrategia de amar a nuestro cuerpo. La primera es reconocer los alimentos que disfrutamos. La segunda, que es igualmente importante, es darnos cuenta si aquellos alimentos que disfrutamos, realmente nos hacen sentir bien. ¡De verdad nos hacen sentir muy bien, sin inflamación, sin pesadez… ligeros de pies a cabeza!

Esto requiere estar atento a los alimentos que nos dan placer –placer no sólo en el momento de comerlos– sino también que nuestro cuerpo experimente placer después de que nos los comemos. Lo que a menudo encontraremos es que los alimentos que encajan en las dos categorías –la comida que disfrutamos y alimentos que nos hacen sentir bien– son a menudo los alimentos frescos, de alta calidad, tal vez orgánicos y hechos en casa.

Vamos a crear tiempo de calidad al hacer todo sin prisa, bajándole a la velocidad

Al igual que una relación entre dos personas necesidades de calidad, lo mismo sucede en nuestra relación con el cuerpo. No llegaremos a conocer lo que nos da placer o lo que nos permite realmente relajarnos, a menos que nos demos el tiempo y el espacio para realmente conectarnos y sentir.

Darnos el tiempo para relajarnos y sintonizar con nuestro cuerpo nos permite aprender su lenguaje que es el de las sensaciones. Cuanto más podamos estar atentos a nuestras sensaciones, mejor estaremos escuchando a las necesidades de nuestro cuerpo. Cuanto más respondamos a nuestras necesidades, mejor nos sentimos y más capaces seremos de tener un cuerpo sano y una imagen corporal positiva. Tener tiempo de calidad con nuestro cuerpo significa crear un tiempo que consideremos sagrado para estar con nosotros mismos, que pueden incluir baños, masajes relajantes, meditación, o simplemente sentarnos unos minutos en silencio a escuchar nuestra respiración y a permitirnos sentir lo que ocurre en nuestro cuerpo.

Tomemos lo bueno – enfoquémonos en lo que sí está funcionando

Todas las relaciones se benefician cuando nos enfocamos en lo que está funcionando. Aquello en lo que nos enfocamos es exactamente lo que crecerá. Practicar la gratitud es una manera poderosa para conectar con lo que está funcionando en nuestra relación con nuestro cuerpo. Por ejemplo, llevar un “Diario de gratitud” nos da la oportunidad de tomar conciencia de lo que está funcionando y también el acto de escribirlo nos ayuda a asimilarlo a un nivel más profundo.

En Resumen: son cinco las prácticas que nos ayudan a amar nuestro cuerpo.

• Hablarle muy bien

• Moverlo de maneras placenteras

• Comer alimentos que disfrutas y te hacen sentir bien

• Crear tiempo de calidad bajando la velocidad

• Quedarse con lo bueno – enfocarse en lo que está funcionando

Llevando a la práctica los cinco puntos, encontraremos las herramientas que necesitamos alejarnos de la imagen corporal ideal impuesta por el entorno de una manera ficticia, y en cambio acercarnos una relación auténtica, positiva y saludable con nuestro cuerpo.

Resulta que el viejo adagio es verdadero: el espejo nunca miente... Siempre, de inmediato, mostrará nuestra relación con el cuerpo más importante en la habitación: ¡el nuestro!

#Imagencorporal #Aceptación

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Mónica del Valle

PsicoNutrición-México

Nourishing Psychology

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