• Mónica Del Valle

Hillman: La psicología arquetipal y la teoría de la bellota


Seguiremos ahora viendo esto de la psicología arquetipal de James Hillman, que mucho habla del alma, así como de algo que yo he compartido en otros momentos: Cualquier síntoma o manifestación son puertas de entrada a dimensiones profundas y no son problemas a erradicar o cuestiones que haya que “componer”.

Hillman ha sido un fuerte crítico de las escuelas de psicología del siglo XX (como la biopsicología, el conductismo o la psicología cognitiva) que han adoptado una filosofía y praxis propias de las ciencias naturales. Sus principales críticas incluyen su reduccionismo, materialismo y literalismo (son literales)… son psicologías sin psique, sin alma.

Entonces, la obra de Hillman ha sido una tentativa de restaurar la psique a lo que él cree que es "su lugar apropiado" en la psicología. Para Hillman más que definir al alma, hay que verla en acción… y se le ve en la imaginación, la fantasía, el mito y la metáfora. También ve el alma en acción al manifestarse en la psicopatología, que son los síntomas de los desórdenes psicológicos… es la expresión a través del cuerpo de algo que hace sufrir a la psique.

Psique-pathos-logos es el “discurso del alma que sufre” o el sufrimiento de significado del alma… el deseo del alma de encontrar sentido o significado. Una gran parte del pensamiento de Hillman intenta atender el discurso del alma tal y como se revela a través de imágenes y fantasías.

Hillman aporta una definición propia del alma. Y acá es donde les digo que no pierdan de vista que en griego psique también es mariposa… vean en estas definiciones su hermoso vuelo. En primer lugar, observa que el alma no es una «cosa», no se trata de una entidad ni de una identidad; tampoco es algo que se encuentre «dentro» de una persona. El alma es una perspectiva, es una manera de ver las cosas más que una sustancia; es un punto de vista sobre las cosas. El alma es reflexiva, media en los acontecimientos y establece diferencias.

El alma no debe localizarse en el cerebro o la cabeza, por ejemplo (donde la sitúan la mayor parte de las psicologías), sino que los seres humanos están dentro de la psique. El mundo, por su parte, es el anima mundi, el mundo dotado de alma. Hillman cita a menudo una frase acuñada por el poeta romántico inglés John Keats: «llamemos al mundo el valle donde se construye el alma».

También Hillman entiende por alma la capacidad imaginativa que tiene nuestra naturaleza para experimentar a través de la especulación reflexiva, el sueño, la imagen, la fantasía. Alma es esa manera de reconocer todas las cosas como primariamente simbólicas o metafóricas… de darnos cuenta de que, en un nivel, no se trata de lo que parece que se trata. Alma es una posibilidad imaginativa.

En su obra de 1997, El código del alma, Hillman perfila lo que denomina la teoría de la bellota del alma, de la cual hablé en otra entrada de este blog, pero que voy a repetir ahora.

Esta teoría afirma que cada individuo contiene ya un potencial de posibilidades únicas, del mismo modo que una bellota contiene el patrón de un roble. Argumenta en contra de la teoría de que nuestros padres son cruciales en la determinación de quienes somos al proveernos su material genético y patrones de comportamiento. El libro sugiere, en cambio, conectar de nuevo con lo que hay de invisible en nuestro interior, nuestro “daimon” o alma o bellota y la llamada de la bellota a la naturaleza exterior. Nos regresa la posibilidad de elegir y de ser parte de nuestra vida y no víctimas pasivas de las circunstancias.

Ataca también las teorías que intentan cartografiar la vida en fases, dice que esto es contraproductivo y hace que la gente sienta que fracasa, porque se siente incapaz de vivir 'normalmente' de acuerdo a como las teorías lo han marcado.

Esta visión cartografiada en realidad produce una sociedad trunca, ‘normalizada’, de mediocridad desalmada donde se supone que no se permite el mal pero la injusticia es omnipresente… una sociedad que no puede tolerar lo que es diferente ni concede mayor relevancia a las experiencias vitales, sino que las ve como problemas a erradicar, como enfermedades que hay que medicar hasta hacerlas desaparecer. Hillman sugiere en cambio una revaluación de cada individuo de su propia infancia y vida presente para tratar de encontrar su vocación particular, la semilla de su propia bellota. Complementa la noción de crecimiento con la noción de crecer hacia abajo, o arraigar en la tierra y quedar conectado a ella, a fin de que el individuo crezca aún más.

Hillman también rechaza la causalidad como un marco de definición y sugiere en su lugar una cambiante forma de destino por la cual los acontecimientos no son inevitables pero están obligados a ser expresados de algún modo dependiendo del carácter del alma del individuo.

¿Qué sientes cuando lees sobre la aproximación que tiene James Hillman sobre la psicología y sobre la vida misma? ¿Cómo es para ti la posibilidad de no verte como alguien que está mal, o que tiene algo que hay que componer o erradicar… sino que está expresando su individualidad y que requiere de una escucha atenta para encontrar el sentido que te permitirá tener una vida más plena y realizada?

Por favor déjanos un comentario.

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Mónica del Valle

PsicoNutrición-México

Nourishing Psychology

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