• Mónica Del Valle

Los estragos del distrés


Foto tomada de internet

El otro día hablé del distrés… ¿resonaste con algo de eso… de cómo se siente uno?

Cuando estamos en distrés tenemos el cerebro obnubilado, de verdad… es como estar en medio de una niebla espesa… es una oscuridad mental total… ¿a poco no se siente así? Estamos tan angustiados, tan preocupados que nos parece que nuestros problemas no tienen solución, que no hay salida.

Nos sentimos desvalidos, sin recursos, nos sentimos burrísimos, sin capacidad para retener ni lo que acaba de ocurrir o nos acaban de decir, sin imaginación… Recuerdo que cuando yo me sentía así, ni siquiera me acordaba de mis sueños… ¡era espantosa esa sensación de “no soñar”! Era horrible sentirme “en el inframundo", como que mi vida no tenía brillo… no daba una, de verdad.

Es un estado mental limitante, como dice Mario Alonso Puig en su libro Vivir es un Asunto Urgente. Y nos lo ilustra con el ejemplo de un jugador de basket que por bueno que sea, si está encerrado en una caja de vidrio jamás va a poder encestar… no es que él sea limitado, sino que hay algo que lo limita. Así nos pasa a nosotros.

Cuando somos presas del dichoso distrés en verdad sentimos que no hay salida ¿y sabes por qué? Porque en una situación de distrés los lóbulos prefrontales, aquello que se supone que claramente nos diferencia de los demás seres, reciben menos sangre y por lo tanto reciben menos oxígeno y menos glucosa. Eso hace que todo se alente por esos rumbos.

Y los lóbulos prefrontales son los que integran y armonizan el funcionamiento de ambos hemisferios del cerebro, son súper importantes a la hora razonar y de mantener la atención… ¿vas viendo el mega daño que nos hace el estrés negativo sostenido? Además, los lóbulos prefrontales son los encargados de imaginar el futuro y tomar decisiones… ¿cómo vamos quedando si no trabajan bien? Pues hechos un trapo, verdaderamente.

No podemos razonar bien, nuestra creatividad nada más no responde, sentimos que no podemos tomar decisiones; se nos paraliza la capacidad de aprender y de memorizar… ¡ah! Pero eso sí, se da un fenómeno muy curioso y aterrador: la memoria empieza a atraer sólo los recuerdos negativos.

Los recuerdos positivos pasan inadvertidos y en cambio nos llenamos de los recuerdos negativos, los que nos hacen sentir miserables. Nos acordamos de lo malo que nos hicieron o nos dijeron, de nuestros fracasos, de lo que nunca logramos… y el ciclo vicioso continua.

Como ya he dicho, una salida del distrés es, a través de escribir y describir nuestras emociones, usar la vía de las emociones positivas, que es la verdadera conexión emocional con nosotros y con los que nos rodean, lo cual es la clave de la resilencia, de la cual hablaré en otra ocasión, pero que es la capacidad que tenemos de recuperarnos de las adversidades, de ser flexibles como los juncos cuando soplan vientos fuertes.

Entonces, sí hay manera de salir del hoyo negro en el cual nos sentimos, pero hay que cambiar nuestro estado mental… y nuestro lenguaje. No es lo mismo ser torpe que cometer una torpeza- y no es cuestión de palabras- cometer un error y no saber cómo hacer algo, no es lo mismo que ser un fracasado.

Recordemos que el lenguaje no sólo describe la realidad sino que la crea. Nuestra forma de hablarnos a nosotros afecta nuestra manera de relacionarnos con el mundo. Cuando hablamos hay energía que se emite… y más nos vale tomar conciencia de que hay energías que sanan y energías que enferman; hay palabras y expresiones que sanan y hay palabras y expresiones que enferman.

La manera en que nos hablamos afecta a nuestro cuerpo, para bien o para mal. Si nos decimos cosas denigrantes, si nos consideramos unos inútiles, si odiamos a nuestro cuerpo por no ser como dictan los ideales, si nos rechazamos porque no correspondemos a lo que creemos que se espera de nosotros vamos a tener un resultado bien diferente al que tendríamos si nos aceptamos y nos amamos como somos; si valoramos lo que tenemos y aquello de lo que somos capaces y nos tratamos con amor, respeto y aceptación. Fíjate bien cómo te hablas… y, aunque parezca forzado al inicio, cambia la energía que diriges a tu mente y a tu cuerpo. De verdad que verás un cambio muy significativo.

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Mónica del Valle

PsicoNutrición-México

Nourishing Psychology

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